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20/1/18

Dos fortalezas

Nómadas pergeñaban atravesar los muros estridentes de los adversarios. Por más que no habitase alguien ahí; por más que imprudentes y cruentos hubieran desalojado la edificación.
Pero la fortaleza erigía mantos de un aforismo ilusorio. Detenía mirares, aunque jamás, aunque nunca, dejasen de observar.
La fortaleza ejecutaba planimetrías concéntricas derrocando plétoras de un ejército convaleciente; de un ejercito inmóvil, nulo y rapaz: los muros. Es que solamente al caminar hacia ella, el grupo de nómadas advirtió cierta transparencia.
Y la cruzaron caminando, y la atravesando viendo, en su entorno, inmaterialidades de su constitución.
Siendo una ilusión, llegaron al centro donde había una construcción semejante aunque pequeña.
La vieron; la tocaron; la movieron y analizaron. Pero ya no temieron por ésta. Ya no intentaron desafiar su compostura. Sino, decidieron abandonarla bajo los olvidos de los sedentarios.


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