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16/12/17

Mismo cristal, mismo hombre

Condiciones vitalicias perduran en mi entorno. Accionan pesadumbres paganas; ritos donde los cristales demuestran conflictos transparentes.
Quieto, las difusas fisonomías vistas alrededor se revelan pequeñas. Nada magnifica; nada contiene, sino huéspedes de cuerpos sin venas. Quieto, dentro del cubo de cristal, se petrifican las antorchas del desentendimiento surgiendo libres durante las apreciaciones. Y nada se aleja; y nada se acerca, hasta ver una gran mano.
Ella se aferra al cubo donde permanezco. Ella lo alza, me alza. Y con precavidos movimientos me suelta hasta causar un gran estruendo vidrioso.
Aquella mano, aquel hombre, también residía dentro de un cubo de cristal y, cuando había impactado mi recinto, asimismo el de él. Ambos parecíamos ser uno. Un mismo hombre en dos tamaños disímiles.
Ambos fuimos curiosos. Ambos, equidistantes. Hasta que la marea de los olvidos nos redujo a una muerte conjunta, aunque temerosamente reiterativa.

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