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23/12/17

El tiempo de un lago

Un lagarto pequeño simula aversiones ante la quietud temporal. Recurren, sus ansias, a desaforar milimétricos crecimientos; y, ante un lago, ante su universo, se dirige.
Intenta atravesar una laguna. Va hacia las profundidades, ese diminuto lagarto; va hacia las consideraciones de artilugios sorpresivos. Con suspenso, o sin él, arriba a la orilla opuesta. Pero sus dientes habrán acaparado, rápidamente, abismos de insolencias temporales.
Ya es un cocodrilo; aquel lagarto ya es un gran reptil y gran depredador. Es que el tiempo, bajo esas aguas, milita aceleraciones constatables. Y rehuye, y desespera, quietudes somníferas.
Algunos dirán que el lago es mágico. Otros, que resigna el tiempo sufriente hasta crecimientos de siderales cuantías. Y, el cocodrilo, aquel pequeño lagarto, además de crecer y obtener otras cualidades, esperará, deseoso, su retorno convirtiéndose en alma.  

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