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28/10/17

Durante la ceguera

Vientos con instinto volcánico, enseñan. Bajo la bóveda cada movimiento es instrucción; es aprendizaje, es diurna y nocturna vigía para los fines de las penurias.
Cuando los aires se mueven, corrigen a las nubes. Ellas no dirigen su destino: rige el viento la ruta comprensible. Cuando los aires se mueven, gira, se adelanta, se cae, cada nube. Y entre ellas, al caducar su querencia por mantenerse en lo alto, se convierten en neblina.
Los hombres observan. Miden. Algunos repudian mientras otros veneran. Aunque el deseo de la niebla -ya sobre los suelos- es enseñar experiencias donde los vientos se desenfrenan.
La niebla oficia implementando una ceguera; condición por acumulación dentificada entre ruedas de un sonido displicente. Ella rodea a los hombres. Ella crea conflictos. Ella propugna que, durante la ceguedad, hay videntes, hay ojos dados por el viento reprobando todo anquilosamiento.

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