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1/7/17

La hoja infinita

Tajos sobre un mismo plano: tozudez de líquidos inquiriendo subrepticiamente. Sobre la hoja, sobre la hoja y su planta; sobre el verdor celestino de su piel. Y, a una imprudente altura, asomándose, vulnerablemente.
Si hubiere sucedido frío, sería una hoja de cristal; si hubiere, en cambio, hilvanado los trascenderes con altas temperaturas, sería perteneciente a los estereotipos sin maquinación. Entonces, ella, exhausta, decidió desprenderse, decidió sobrevolar a escaza altura hasta abandonarse sobre los suelos.
Mientras otros objetos tenían tolerabilidad amplia; ella, mientras pudo resistir bajo la lluvia, lo hizo. Pero el escalón de las diferencias no siempre resuena con insectos, sino desplazando elementos.
La hoja, cicatrizada, danzó quieta, e infinitamente, descomponiéndose con sus tormentos.

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