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26/5/17

Erosión

Pareciendo una vegetación exótica, un tótem se erigía donde apenas se podía permanecer intacto. Se disponía entre montañas; se verificaba, se rehacía, cada parte era restituida sin olvidar sus límites.
Aquél se hallaba en el centro de varias montañas. Las sierras eran su entorno y, más allá de cálculos oblicuos, despertaba, un desaferrado horizonte, luciéndolo imperecedero.
Luego, con el transcurso de las décadas, la innoble osadía de las erosiones, decrepitó cada montaña, cada cerro; y en el tótem revivían hasta desfocar, instaurar y congeniar mayores dimensiones, más altura, más grosor.
Quienes lo hubieran librado sobre ese llano, prontamente lo olvidaron. Quienes lo hubieron dejado en ese sitio, velozmente lo habían desechado ignorando sus cualidades. Ellos no habían notado en ese tótem a su inmortal, a su Dios.

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