Búsqueda personalizada

13/5/17

Conversión

Añejo, sus hojas sostienen las ramas que, a su vez, proyectándose sobre el eje, el tronco, permiten la osadía de recuperar abstenciones mareáticas.
El sol perdura en su posición para derretirlo. Es dramático; es ligustre; es raizario, y lúgubre. El sol lo maniata, encubre cada uno de sus silbos, terminales ociosas con tiempo de penurias. Pero lo ve irse, jactarse de razonante y devuelto sobre la tierra.
Es que ya es un hombre, una persona, aquel árbol. Y camina, y corre hacia el lago. Se arroja dentro y sujeta aguas de penosos recorridos. Se arroja y presenta adminículos idóneos para iluminar. Es que ya es hombre, aquél; es que ya cuecen, sus brazos, ebulliciones contra la liquidez. Pero insiste en ser sólido, en ser acuático y branquioso.
Es que ya es un pez, aquel árbol, aquel hombre.
Al haber nadado se ha convertido en pez, simbolizando, así, la inconsistencia del más adaptado. Aunque mayor sobreviviente; aunque mayor disfraz perentorio.

No hay comentarios: