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10/12/16

Gira

Apreciaba objetos durante su quietud. Y, ya dentro de la sala, una vara, desde el suelo hasta el techo, hincaba valores de contritos despiertes.
Ya lo había decidido; ya añoraba que me atasen a esa vara que podía girar velozmente. Y lo hicieron: durante aquellos momentos me mimeticé con la vara; hasta cuando giró, hasta cuando rápidamente perdí ciertos aspectos de mi rutilante ensimismamiento para intentar ver lo quieto.
Giraba. Giraba yo, y giraba la vara. Fuimos un mismo elemento repitiendo el goce de lo osado e inquisidor. De lo intrépido, de lo vertiginoso.
Giró, y durante esos instantes abrí los ojos. Y vi la sala, y observé cada objeto, durante su quietud, durante un colapso eternamente inmuto.

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