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1/10/16

Superficie

Del terrario pende magia sobre los algoritmos de la razón. Por estar encerrada entre vidrios; por verterse hacia el mundo singular, su tierra demuele callada aunque dentada.
Antes de quebrarse, en el terrario convivía una superficie cuyas grietas eran sus venas. Semejaba cinturones de estalactitas partiendo al único corazón terroso existiendo ahí. Ahí donde se presagiaba un desarrollo, ahí donde se auguraba un desplazamiento más allá del perímetro rectangular.
Y el terrario se cayó, y se rompió, y sus vidrios ya idos permitieron el auge de la superficie, su infinita extensión.
Desde entonces toda superficie tiene sus venas. Perceptibles o no, dotan con bríos insubestimables a esa membrana alternando suposiciones con querencias. Desde entonces, y desde siempre, se coteja una superficie viva, respirando este mismo aire.
Entonces sé, entonces puedo aseverar, que esa misma superficie sostiene –decidiendo dónde presentarlos- los varios horizontes. A través de pronunciables distancias se ven, aunque jamás se alcancen, aunque nunca sean apropiados, sobre la membrana al menos son visibles.
Dirán que su sangre lo hace posible. Que metas incorpóreas resumen gratitudes evidenciando límites, que desquites mortíferos proliferan siendo meras apariencias. Lo dirán, aunque no, lejano  horizonte como el mismo suelo respirando.

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