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25/6/16

Vértigo

Demolía precipicios velozmente. Raudo, esquivaba escombros entre los aires ocupando; entre los aires marchitando y, soliviantando, mediante una rapidez insólita, verdinegra y caótica.
Desconocía él si caía o si se elevaba. Dado el apresuramiento por atravesarlo todo, lo ignoraba al carecer de referencias. Es decir, dichos apuntes resultaban imposibles de ser notados. Y él, quien cruzaba hasta sorderas estallándolas con silbidos, procuraba disponerse rectamente para prohibir ciertos percances durante su trayecto.
Durante longevidades de una sola vida, él resistía detenerse. Es más, no podía; y sus decires se aquietaban mientras su movimiento, dueño de los límites, acrecía.
No se unió al descenso. No se unió al ascenso. Prefirió traspasarlos, entonces, unificándose al vértigo de inefables conservadurismos insolentes. Y fue un concepto, tan rápido, una idea el elemento y destino de su carrera.

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