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9/4/16

La columna y el suelo

Peso sobre superficies dilatándome. Cada pisada queda en cada camino una vez atravesado; y por más vorágine en mí, cavilo.
Ante insomnios de un solo día, noches sonámbulas patibulan acrecentándose vertiginosas. Sé de trayectos cortos, también de cuantiosos; aunque desconozca, aunque ignore, millares de estridencias maquinariamente solidificándose debajo de mí.
Ante oníricas divagaciones se entumecen piernas y brazos. Un mero cuerpo enardecido es voz de espanto para quienes redundan apuntalando melindreses. Un ritual, una esperanza. Y un ritmo, vísceras ambiguas y sulfurosas relatando velas hasta la consanguineidad perpetua de claros.
Pero sé caminos pululando tenacidades con intactos refugios, para mí, para mi desconsuelo y tarde susurrante.
Ya destronando los recuerdos, reconoceré haber dado un paso, tan solo uno dada la inexistencia de estructura ósea en mí. Sin huesos obtenidos, al carecer de un andamiaje siquiera deteriorado, estimulan pusilánimes músculos contra carnes embravecidas para alimentarse del sólido suelo. Donde anclaré, donde visitaré, siendo único recurso para unificarme ofreciéndome ser senda, cimiento, basamento de estructuras al fin: antes columna invertebrada y ahora piso deambulado seré.

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