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30/4/16

Guardián

Ante la puerta, un hombre, alerta. Ante la puerta su apertura es señuelo, es glacial, es meritoria; aunque un guardián indicara no atravesarla.
No impone: sugiere; no prohíbe: malquista toda su premura cierto arrobo, cierta tolerancia, por más personas cruzando. Por más vísceras retorciendo organismos de una sola fuente motriz, aquellos aventureros desoyen al guardián hasta transfigurarse con un solo paso. Porque se dirigen hacia los sueños, hacia donde toda ensoñación es permitida manteniéndose claroscuricamente sobre cristales de pulidos trámites. Y, dejándolo atrás, aquellos ya en el mundo de los sueños exponen versátiles variables contra su existencia permitiéndose.
Y él deshace y rehace su decir. Y lo aumenta y lo superpone frente a cada hombre dispuesto a ignorarlo. Y, sin embargo, todos cruzan, todos atraviesan la puerta yendo hasta ensoñaciones jamás verosímiles anteriormente.
Ya se han ido, ya han desaparecido todos desde esos horizontes donde el guardián existía. Ya han variado y destinado lejos, donde él no desestimulara desde una puerta. Donde el guardián de la realidad atentase constantemente contra el ofrecimiento de un escapismo, tal vez; de un camino, seguro.

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