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19/3/16

Invocación

Ofrecía distintas capacidades frente a situaciones adversas. Las invocaba siendo ágil partícipe durante transitorias variaciones de un solo fulgor, de una sola osamenta: la contrariedad.
Cuando una circunstancia lo obnubilaba, él oponía –tras una invocación- ciertas prácticas desenvueltas desde su imperio. Llamaba a fuentes de toda clase para serle otorgado el suficiente conocimiento. Clamaba criterios y otras capacidades sustanciales para enfrentar; clamaba dones y aspectos, directamente elaborándose bajo mantos sin pudor alguno.
Solamente él añoraba enfrentarlo todo, contrarrestarlo todo. Y, así, moldear con un desquite terminal los ornamentos singulares de riesgosas anteposiciones.
El existía. El merodeaba y, al advertir ciertos percances, invocaba acertadas capacidades siempre predispuestas a acompañarlo.
Pero durante oscuridades de cien ritos paganos, él llamó al recuerdo y éste devino. Desde entonces jamás pudo desasociarse, retirar esa cualidad, refrenar oleajes plausibles con aseveraciones conscriptas. Desde entonces el recuerdo lo evocó a él sin merma de titularidades. Lo llamó una y otra vez hasta descalificarlo para obtener otras singularidades.
El recuerdo fue seductor, y se apoderó de él. El recuerdo prohibió otras vinculaciones; y aquel hombre, aquel memorándum, se sujetó a una sola circunstancia percutiéndolo: rememorar.

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