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13/2/16

Navegación

Quien navega soy. Quien lustra océanos con lujurias inadmisibles colmándolos con velas de fuego de furor enardecido. Y quien embate, y quien cristaliza manchas maniobrándolas aterradoras por delante con vilipendios solícitos.
Recuerdo haber advertido una tormenta. Un compás de pendulantes notas; una marcha adrede hacia las inconsciencias advenedizas. Recuerdo haberlo notado, descifrado; aunque el silencio me amparara ya en noches vacuas con remolinosas memorias. Los cantos, las danzas habrán brotado en cielos compungidos bajo estrellas sin nombre. Inenarrables concepciones habrán dejado tertuliantes miembros bajo el azar de sus frenesíes. Y la respuesta, la resolución ante una pregunta vana ha cimentado los días en quién soy.
Aun la combativa aparición clandestina de ese tenaz arrebato; aun esa tormenta ahuecando sismos donde caer sería idoneidad de monstruos marinos, sujeta, aprieta y arrebata maldecires hacia mí dirigidos.
Atiborra, y sumerge el cráneo expuesto bajo profundidades para buscarlos, para hallar a la tripulación perdida.
Ya creo en un destino lacerado por la acérrima convicción de atravesar todo enfrentamiento; toda inusitada muerte, y sus claras y agónicas fortunas que las posibilidades admiten. Ya creo en un destino, en el mío: arrojarme a las aguas y, tal vez, redimir confesiones.

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