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27/12/15

Herrumbre habitando

Aquejado moho embutía la casa en apariciones forzadas. Nadie habitaba aquella construcción que desde el inicio de los días se consumaba en flores de cemento.
Propietarios de criaturas nocturnas avecinaban acuartelando milicias de otro siglo. Eran los dueños de algunos animales dispuestos siempre a visitarla, a alentarla, a apoderarse. Aunque después se retirasen dejaban huellas de escorpiones rectos sobre el desértico ambiente. Las noches dinamitaban estruendosas en la soledad sin huéspedes ni anfitriones. Los días soleaban patios sin mineral alguno para reflejar un sol espantado, visceral e inoperante. Y durante transacciones de un mudo vapor las bienaventuranzas se remitían a un verdín fenoménico.
Nadie me había visto; ningún hombre, ninguna mujer, solo un metódico aislamiento hasta fabularse marcha equinoccial de furores atemporales. Nadie había sabido de mi existencia siendo la misma herrumbre ocupando la casa. Aquellos vientos no mermaban contra mí; aquellas luces no cedían ante mí, mientras dilapidaba muros y rehacía verdes telarañas.
Nadie me había visto. Nadie había siquiera sospechado acerca de mis detracciones e inventivas para surgir desde humedades constructivas. Y al ser ya pared, al ser ya techo, nadie hará cuanta acción culminara en un retraso, en una clarividente contrapostura hacia la misma casa mirando.

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