Búsqueda personalizada

31/10/15

Quebrantez

Un terremoto lo demolía mientras aguardaba con impasibilidad. Grietas advenedizas destruían solo lo vivo; y por más duradero cataclismo desafiándolo todo, irradiaciones de objetos permanecían enhiestas.
Estropicios sin fórmulas coherentes desarmaban a quien no moría contrarrestándolos. Porque un fenómeno es una causalidad elaborada por un ente vivo, o sino en movimiento. Y no hay cláusulas impidiendo que lo en movimiento desespere tras articulaciones de muñecos de tierra dosificando. No hay imposturas ni posturas para entender la separación entre un movimiento y una quietud. Aunque sí un síntoma, un verbo delatándose carbón juvenil con moléculas de un mero átomo.
Pese a tribulaciones causales él residía donde desconexiones entre vivo y muerto se respetaban; rigiendo día y noche ante estropicios condenantes. Era ágil, intrépido y audaz aunque hubiere un fenómeno percutiendo lavas desglosadas en jabón atentando.
Mientras las cimas descollaban universos donde cada milagro era repartido; mientras esas montañas descorrían corceles jineteados por amputados soles, el terremoto lo hería, lo blasfemaba y desarmaba hasta que vientos devenidos de altas planicies revelaban costumbres de un espacio respetable. Y lo vivo influía en lo vivo; el movimiento con el movimiento, y las razones desleían arcanas circunspecciones de otros entornos ya ignorados.

No hay comentarios: