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17/8/15

Detrás

Antes de leer una verdad los motivos aparentes deshacen. La verborragia asoma intrépida al alcance de oídos mutilados por el color de las falacidades. Y bajo los océanos, entre las turbias marchas de razonamientos, el inconsciente recauda maniobrando su caudal de espejismos.
Quedará atónito quien lea las máscaras de verosimilitudes. Las alfombras de los compuestos sulfatarán índices diatríbicos en sus mallas de caracoles vivos reptando. La verdad, tu verdad, será descreída ante los fuegos líquidos de una tempestad sin lluvias; y por más ahínco fructífero dado serás huérfano dentro de un ático hermanado.
Comprendo que la verdad no existe en las palabras. Que no existen cantos; que no existen hábitos, será lamento de los desposeídos de sus épocas reclamando certezas donde argumentos persuasivos rellenan los libros. Tu libro, mi libro; todos los libros escatiman certidumbres abandonándonos, y también al mundo, delicadamente. Te librarías de leer y releerlos cuando apesadumbrado los busques. Pero cada palabra comunicada conlleva un saber parcial, sectario.
Cada vocal dará dolor, cada consonante dará angustia infértil y las sílabas formando palabras que serán oraciones desfilarán sobre un cementerio inverosímil.
Pese a la vacuidad de los párrafos habrá un segundo cuyo respiro deshará nuestros naufragios. Comprenderemos la parcialidad de la rima en versos destrozados solo volcándonos imágenes repetitivas. Pero si nos fuera revelado el sentido oculto, el esoterismo de cada mención, conoceríamos el origen, la realidad y la tan sedienta verdad por beber de su copa atinante.
Bajo las letras existe otro mundo, otro universo, que no es dable sino con leves murmuraciones; con silencios de gritos sin palabras y con levedades de cósmicas abrumaciones. Ese mundo es su verdad, su realidad y solo atreviéndome a saltar por encima de los vocablos podré conocerlo; ver siendo personaje a quien ha sujeto las palabras mostrando su veracidad al escribirlas: el unívoco motivo.

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