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24/8/15

Continuidades

Ruedo, siendo un huevo, sobre un desierto clemente. Caigo en dunas de aspectos morfológicamente inaparentes. Caigo, y en mi caída preconizo alivios.
Son serpenteantes mis saltos cuando lidero las misas de voracidades. No he comido durante varias noches de altividades efímeras. No he reposado, no me he detenido y continúo saltando.
Quieto, creo haber alcanzado un oasis, una oración, una premisa; quieto, no soy más que un huevo refugiado bajo la noche cuyos días alternan servidumbre de procreaciones aisladas.
La oscuridad me otorgará el fin de cada una de las penurias. Salto y lo devoro; serpenteo y lo alcanzo. Desde ahora solo bifurcaré estigmas de rugidos impacientes, siendo víbora alimentada. Desde ahora comprenderé el salto voraz, la plenitud de los segundos acechando sin manos huestes de figurativas desolaciones.
Caigo sobre el desierto. Aún no despierto tempestades; aún no rujo en mares, soy gota mezclándose densa contra los subterfugios de un razonamiento imperturbable.
Serpenteando, salto; voy y vengo augurando irme, huir ante la impasibilidad de un goteo. Pero nada me albergará, nada me dará cobijo mientras espere el exilio hacia lejanos bosques.
Rocío las arenas. Cada gotear es llovizna preclara de horizontes diluviales. Soy manto pronto a tronar y aislar aguas hasta reproducirse.
Me aplasta, me subsume, me corroe la lluvia hasta raptarme y hacerme partícipe de sus cóleras. Profundidades en las alturas descienden y yo voy con ellas.
Soy gota serpenteando bajo una tormenta sin melindres espasmódicos. Soy víbora de agua llamando a los vientos por más líquidos uniéndoseme hasta derribar dunas y apoderarme del trono de arenas húmedas al claro de un sol testigo.

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