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8/6/15

Errares inconscientes

Permitía su meditación anquilosarse detrás de la consciencia. Hacia espacios sin numerales; hacia escondites asombrosos partía cada vez con mayor ligereza.
Discierne entre representaciones fenomenales de la realidad ante otras del inconsciente visitado. Espera, sabe que no son reales y verídicas; que no son más que fantasmagorías del cimiente acústico rodeándolo con premura. Tolera aguardar, mimetizarse con destellos de carbones firmes e incendios inacabables. Espera un conocimiento, la desautorización de su Yo frente al encumbramiento de la oscuridad conduciéndolo.
Nada quebranta su decisión pese a pequeñas criaturas reprochándole haber iniciado ese viaje, esa búsqueda de lo eterno y verosímil. Rodeado en la clandestinidad mediante otros semejantes, cree conveniente terminar su ansia, su deseo y volver a su Yo asediado por la realidad. Pero no retorna a su consciencia, parece estarle vedado.
Contraponiéndose a su inconsciencia recurre a exigir socorro, auxilios de un pagano solo atreviéndose a aventurarse hasta los límites de la razón. Su voz, su clamor no es oído por el resto sino dentro del plano inconsciente. Y mientras continúan alejándose del mundo cotidiano desoyen cuanto podría efectuarse en el otro.
Quedaba solo entre una densa oscuridad llena de criaturas persiguiéndolo. Deseaban conducirlo más allá de los posibles retornos, de los tránsitos comunicables y donde cada uno optase sus propias decisiones. Es que había un límite detrás de otro: la imposible vuelta más allá de la visita. Y se refugió, se encomendó donde nadie había.
Al replegar sus ánimos, aquel no vendrá, no volverá ni seducirán sus argumentos hálitos de ayuda. Haciéndose uno con su inconsciente, perdido su Yo y agonizando su anterior mundo, es sombra sin más que un cuerpo entumecido provocando ensayos de idas impredecibles.
Al separarse, al retirarse del mundo vivo, residirá entre lumbres de cristal y lechos de hierro. Se extinguirán búsquedas angustiantes y ya, ya sin desear un regreso, caminará sobre vastos campos de un mundo pergeñado para ser visto, visitado aunque prohibido. 

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