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29/6/15

Cielos de fuego

Abarcando alturas inadmisibles se desarrolla el fuego. Todos lo notan, y nada hacen; no pueden impedir las antorchas alcanzando el cielo.
Imprudentes métodos habían parcelado quietudes sobre las afueras de los holocaustos. Desacostumbrados, los reagruparon hasta que sol, día y noche, planearon –sigilosamente- reiterarse con permisos sugestivos. Cada hombre era ajeno, cada uno miraba hasta concluir librando el arbitrio de un reino celestial. Cada observancia hacia arriba perjudicaba añares de constitución, de veneración y autoridad; pero hasta que el fuego se hubo elevado desde desiertos purificantes.
Las órdenes por derrumbar el inicio mismo producido por fósforos se habían dilatado; y más, cada vez más fuego se extendía desde los llanos. Tanto que desveló cariacontecidos trámites en degollarlos a la inmediatez, aunque el fuego, ese y todos conquistaron los cielos.
Desde entonces quemarán nubes, desharán altivas consecuciones. Permitirán el arresto y subyugación de los enfrentamientos con supuestas divinidades. Pero aquellos Dioses se convertirán en fuego; arderán y quemarán todo celestial palacio dejándose ver. Aunque sin descender, aunque sin propagarse sobre tierras donde leales aguas sin camino se evaporasen nuevamente en vanos intentos.  

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