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14/5/15

Retorno inusitado

Sé que debo caminar, andar entre lavas hasta alcanzar ese término de todo transitar. No soy el único: todos los hombres se acercan decidiéndose acompañarme hasta el desenlace de sus destinos.
Sé que debo apropiarme de cuanta diurnidad asole; de ritos y fronteras del único animal atreviéndome a repetirlo. No desobedezco contratiempos hasta solucionarlos, hasta darles un minúsculo porte de anguila disecada. No me cabría retroceder, hallar el último impacto siéndome nefasto para las conclusiones. Las esperas dilatan sombras bajo el fútil desespero de victimizaciones inabarcables. Soy y seré fiel a este camino, a ese tropiezo designándome mortal; aunque bajo las intermitencias de los soles admirando noches despeje donde nadie se adelantase los hechizos de auguristas predeterminados por parámetros incongruentes.
Sé que he llegado a la cima de la montaña, a ese peñasco, a ese estadio incólume de osadías arbitrarias. No decido los sentidos ni direcciones. No hallo huellas ni las busco. Puedo caminar, y camino como todos los hombres hacia un residual de eremitas concentrados en meras cópulas de sagradas espadas combatiéndose junto a palabras que he debido desoír. Los mantos de satisfacciones recubren cuantas plegarias atrofian máculas de desórdenes inconfesables. Pero ya, ya veo un puente.
Mientras he estado observándolo, restringen sus anomalías cualquier posibilidad de cruzarlo. Desde esta cima veo la siguiente; y nada –excepto el puente- me conduciría hasta ahí. Sobre la otra cima está lo añorado por todos, nuestros futuros y predicciones acerca de nuestros destinos.
Ahora ya no me seduce, no me aclama, no me atrae. Ya las míseras caminatas deberían retornar al espacio de los ayeres; aunque preservaran más conflictos y desánimos que redenciones. Ya, ahora, ese maltrecho puente dice que tomaría algunos hombres durante su caída. Que aglomeraría en los abismos más y más muertes, quizás dándoles un destino certero. Pero futurizo; creo en la nada de nuestros entenderes, en sus ambivalentes causas fenomenológicas y descreo de un futuro consumado, predicho.
Ya la lava de nuestras miserias deshará con sus tenues abundamientos pasadas creencias, y harán de nuestros sitios ya visitados un rótulo precoz aunque no subestimable. Y retrocederé, andaré como tantos pergeñándome cómplice al negarme caminar sobre el puente, o tal vez a construir otro. La lava ascenderá, rimarán sus armas simbólicos prejuicios hasta olvidarla, ceder y caer en su volcán del que he escapado.  

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