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28/4/15

Mirar paredes

Cautivo, observaba la pared de su habitación siéndole parentesca. Cada relieve, cada leve variante de su color le resultaba extremamente asiduo.
Confirió su carácter a desproporcionar las perspectivas y conceptos de aquella frontera. Los límites se adelantaban y finalizaban ante sus ojos solamente. Las temibles fijaciones de sus visiones hacían que la pared se adelantara o retrocediese sin él proponérselo. Y ante las fabulaciones de su imaginar creyó verse dentro.
Amplios márgenes blancuzcos cubrían su suelo y su techo. Alrededor no había nadie, ninguno con quien compartir la huida, la transformación a través de un meditativo velo abismal. Pero aún así continuó observando con arduo rigor su mundo nuevo.
Transmigra hacia lo visto quien rotula nóminas extremadamente durables cuando sin mecerse instiga con ensimismamientos. Desanima inmuto las vanas clarividencias que estiman glorias entre credulidades inocentes quien clama, ordena y permuta sin ocasiones prodigias un objeto.
Aunque no sepa volver, aquel converso en pared viviente reasignará sus seis ojos contemplando sus seis lados hasta la saciedad inexplícita de haber mudado mientras sus ánimos lo consuelan recta, plano y volumen de un cuerpo sin retorno.

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