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9/4/15

Acercamiento melódico

Lentamente, partitureando ciertas melodías, un hombre fijaba su vista en el cielo. Desconocía variaciones en ese trascender, en ese crepúsculo estridente pronto a declinar.
El cielo se había disuelto en miríadas de estrellas sobre oscuridades paganas. Él no había cesado su musitación y ante el temblor de lo que veía, pensó que jamás persuadiría en su entumecimiento. Las claridades se habían deshecho, los idos atardeceres habían bronceado las notas silábicas; y bajo la tenacidad de las horas decidió no irse, quedarse hasta la salutación de las aves.
Pero presintió un acercamiento, un leve decaer de ese cielo trasnochado. Había visto otras lunas, otros soles, otras penumbras, pero jamás tan cerca. Antes helado; ya caluriento, tocaba las nubes. Es que todo estaba a su disposición, todo le pertenecía, todo había descendido para formar parte de los efluvios de su musitar.
Hasta que se sienta desconoce los patíbulos sensoriales. Culminan los atropellos, los desmanes en creer divina su melodía por traer lo que en cielo había. Mira hacia un lado, hacia otro. Y durante el final de sus visiones reconoce que la Tierra asciende, que el mundo mira todo lo que él ve.
Azorado camina hasta su instrumento e, improvisando un retroceso musical, la Tierra desciende.

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