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17/3/15

Veloz

Corriendo rápidamente el hombre invalidaba todo obstáculo. Trotaba durante los ascensos, a veces caminaba, pero nunca dependía de sus glorias una maltrecha cima postergable.
Sube, baja; salta para continuar un recorrido nefasto. Reniega de los tiempos y nace su aventura detrás de balbucientes tentáculos pesadumbrosos. Recorre los límites; quizás el suyo fuera solamente atravesar todo refreno, todo agujero, toda caída. Abruptamente corre sobre una planicie, sobre un sólido suelo, y acelera su marcha. La precursa, la ingiere, la toma indiscirniendo si es él u otro objeto el veloz. Pero no ve un muro.
Corría hacia una pared metálica, contra un bloque de anchura sobredimensionada. Aquel, para quien los contratiempos desfiguraban los rostros célebres de arquetípicas hazañas, para quien deshechos minusculares podrían añejar cualquier percance volviéndolo nulo, cayó. Inmuto su cuerpo dormía en el suelo, pero su consciencia, su tenacidad, había traspasado el muro hasta una meta, un objetivo: su vuelo.

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