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6/9/14

Paciente

Ya no se ocupará de tránsitos apresurados desterrándolos en su misma clemencia. Lo apremia el día, y también la noche con calificativos adversos que nefastan cada paciencia. De una vez, o de varias; de veces carcomiéndolo, se sublima en nubes abismáticas hasta clarear su blanco cielo.
Libre de treguas arriba en los sándalos de sus incriminaciones. No lo quieren por adusto, flemático e incoherente; sino por fugaz. Las intimidaciones por volver al orbe lo constatan con temerarios argumentos. Se decide por ir, por venir; yendo o viniendo articula crímenes sobre altivas irradiaciones sospechosas. Pero no reincide, no vuelca sus decisiones en sus ocupaciones: las destruye. Y, presagiando sus debilidades, pretende conmemorar las pérdidas con silencios de una cárcel abrazadora.
Quien lo viese no dudaría en ejemplificarlo ni en desafiar sus propias leyes. Quien lo ve, quien lo vea solapado a su abismo creerá en que él mismo es un abismo, un hoyo, una tenue temperatura arguyéndolo climáticamente con el agujero de la templanza.

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