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11/9/14

Hombre destellante

Convencido en que esos destellos salían sorpresivamente, no los atuvo a ningún síntoma. Pero él sabía que no eran dañinos y que resultaban prejuiciosos.
Al caminar por los callejones en soledad, salían. Mientras se sentaba donde nadie había, salían. Y tuvo que deshacerse de su vestimenta en su totalidad y mudar a otras para corroborar sino se producían por reflejos de las luces nocturnas. No le había dicho a nadie. Solo él, él y esos destellos guardaban un secreto impávido, tenaz y compasivo; porque a veces le resultaba práctica la luz emitida cuando en las oscuridades andaba.
Al caminar por las calles durante las claridades solares, no salían; y demasiado tiempo estuvo cuestionándose estas singularidades hasta que optó por salir de noche, caminar en soledad y sobredimensionar las cargas de luz donde nadie pudiese notarlo.
Harían escarnios, harían efusivas conclusiones y desplazamientos insospechados quienes intentasen retener los destellos que su cuerpo expelía. Aunque él, al ver cada día más y nuevas luces, no temió y se convirtió en una luz fugitiva que en las soledades se veía.

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