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10/7/14

Cabizbajo

Sin mirar al frente, anda hacia su comienzo. Son perfidias los suelos cuando se los observa con la suficiente acritud de los hastíos, pero su andar –por lento y tenaz- revuelve las mismas cuotas de orgullo por sus fugas.
Un exilio abrupto lo depara donde no puede volver atrás; cuyo sentido es mordaz, mordido por coyotes de ásperos colmillos. Y mientras se arrecia hacia la desconstitución de su cuerpo, crepitan sus dedos, sus hombros y su espalda. Pese a que ande con una túnica, no siente frío. Este desaparece con cada tramo recorrido, porque sabe de los cercanos astros, una presencia insubordinable.
Pero empezaba a verlo, el sol. Se iniciaban las liquidaciones de tantos retos y tantas demandas. Y, el sol, se vertía como líquido sobre todo su cuerpo, mientras la mirada del hombre al alzarse veía un desierto pronto a consumirlo.

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