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27/3/14

Neblinas

Caminaba, él, bajo la tentacular neblina acicalándolo. Era un pulpo aquella niebla, una feroz acuosidad inundándolo por dentro hasta que se detuvo.
De pie en la ciudad, mira hacia un lado, mira hacia otro y solo oye voces inspeccionándolo por entero. El enorme desafuero le causa cuestionamientos que pronto las voces responden. Porque son sus voces, el mismo habla que él tiene, y la misma información.
Había comenzado a caminar nuevamente mientras respondía gritando cada pregunta que le hacían; y no se contuvo a vituperar, a denigrar y blasfemar.
Aquel hombre camina entre nubes de cristal que lo circunrodean hasta detenerlo, hasta abrazarlo con millones de brazos, y hasta recomponerlo mientras rodea su ciudad.
Una parte suya se irá, aunque otra regresará. Supondrá que nada lo detiene, ni amenaza ni inmoviliza. Y sabrá, al irse la niebla, que ésta posee la cualidad de derramarle su interior con mínimas inspecciones pulpolares. 

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