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26/2/14

El fin

Queda abierta tu voz
y tus latidos delatan un frenesí opaco.
Quedan abiertas las manos,
la piel hirsuta, y los brazos enlozados en vasos de perjurio.
La voz es revuelta, intacta;
y los colmillos de tu lengua cierran, entre abejorros, los tallos de tu abdomen.

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