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8/1/14

Resuellos

Se desgastan las rocosidades ante la imperturbable erosión de cada día. Se tiñe su caparazón de azules mortíferos cuando nada dilata, nada perturba los espantos de la muerte. Y sagaz, mordaz y ecuestre, sopesa cada una de sus actividades dentro de pedernales que no volverán a ser.
Me extraigo, me sustraigo. Cada uno de mis lados comparte zanjales donde perderse resulta inútil por medio de dislocaciones paupérrimas. Me doy a los vientos, a otras rocas caídas y a los implantes de verdinegras conjeturas cuando por desconocer las verrugas de mi voz, caigo hacia los fondos de los agujeros.
Soy el fangal, el foso, la maquiavélica insurrección donde nada parece detenerse. Me libro a los detenimientos, a los momentos de hibernación y quietud tan aguardados. Pero para luego irme hacia las nomenclaturas de mi diáfana voz que nada hace, nada produce ni aflora sobre el lecho de polvo que haré.
Es que soy la roca arcana, el secreto de los libertinos y el acopio de las faltas de inmovilidad. Soy aquel esfuerzo de incomprensibilidad ante la desaparición que grano a grano me combate.

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