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3/12/13

Esbeltez

Se erige la selva desde los rincones de las tierras. Son bramares continuos, son gritos de un reino inexplorado bajo pétalos de color. Y los trinos corren y las aves se arriman junto a los orificios de sus búsquedas.
Cuando se sobrecargan las catapultas, un grito se eleva anfitrión. Es un desafuero inmisericorde, un alado espacio donde caber amparado. Los vegetales se elevan cubriéndolo todo; y en los bajos fondos especies de guerras de ultranza deshacen los fuegos.
Al culminar la tierra, bajos ríos se desenvuelven al canto de su brusquedad. Y las miríadas de animales socorridos caen entre sí en busca de esas aguas. Beben de la sangre de los lobos caídos, de las serpientes animaladas. Un reino se demuestra, vivo, existiendo con planimetrías desde los gajos de los aspavientos. Y las rimas decaen al desvanecerse los días detrás de sus noches, y las heridas muestran gozosas las manivelas nocturnas.
Durante la vespertinidad ya no habrán ni elevaciones ni humedades, sino un solo y firme rasgo tallado sobre la mano de los eternos noctámbulos.

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