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14/2/13

Partículas


A veces, las dimensiones de los cuerpos no se corresponden. Mientras él lo sepa, no habrán días sin moderarlas, arreglarlas y auxiliarlas; es que su máxima devoción era ver un cuerpo entero.
Las limpiaba al principio, las anexaba y pulía hasta saberlas quietas en reposo de quien se figuraba una masa compacta. Sabía sobre estas, tanto que los ancianos veían en él un imprescindible sujeto de sus tradiciones ancestrales. Y lo dejaban solo para luego ver una de sus más ilustres obras.
Entonces alzaba una parte de la materia y veía en su interior las moléculas donde a cada una, otra le era imprescindible. Al hallar la faltante, la disponía de tal forma en que nada más que dicha superficie podía verse. Y la dejaba sobre una mesa para que pudieran acercarse, tocarla y verla. Pero no le bastó a este hombre incumbirse con la materia; porque más de una vez había visto en su propio cuerpo, algunas faltas. Y, prontamente, había dejado de lado a estas materias para dedicarse a lágrimas de su triste recorrido existencial. Y buscó en su piel.
Cuando la noche reclama reposo, mirando sobre su cuerpo, ve todo faltante. Notó cierta pesadumbre, y cierta inconexión; cierta malicie, cierta pérdida y cierto aplomo. Su cuerpo, deshecho por los vientos, se deshace en millares de partículas y pertenece a los convulsos aires de intachable consternación.