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7/2/13

Catedral


Hay un edificio bruñendo su espejosidad sobre la diurna marcha de los confesantes. Lo ven y adoran, lo anhelan y lo entierran mediante las vanaglorias de cada aspaviento. Creo en que será digno de verse cuando el suelo acometa.
Sólo soy una persona viéndolo, agasajándolo y comprendiéndolo cuando delante de mí hay una tierra sin su suelo. Queriendo demorarse en sus dialectos, ésta se dispone adecuadamente a convencer a la catedral para desconstruirse. Así, vuelto al suelo esos años de elevaciones, ordenará hacer su fosa y espacio donde dominar; pero las rigurosidades de la catedral, permanecen en vigía donde los suelos no la comparten.
Y se desvanecen algunas columnas mientras las marchas de los ocupantes aceleran su fruición. Los cascos decaen y los míseros andamiajes ya no se desconsuelan ante la ardua labor de perpetrar un ascenso pululante en alturas. Y ya no veo antiguas murallas donde estoy, sino corruptas paredes cubiertas por esa tierra húmeda y trepadora. El humus ha estado profanando los muros y la catedral ya se olvida sin mirares exhalados.
Iglesia de vientos termales; gran anaquel donde se estampan las riendas de lo alto, serás suelo deforme e invisible cuando te atrapen tierras con superficies azarosas.