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10/1/13

Derrito


Te veré siempre amasándote entre lavas de rellanos aparentes. Concibo la plenitud el gozo, de saberte finita. Sé de tus cegueras, de tus atrios, de tus inconformismos; aunque no, aunque nunca, de tu imperennidad.
Calculo horizontes de fuegos malhiriendo tus juicios para obrar melindreses. Conjeturo lo vientos, los océanos y los montes con este rayo de estridencias modelando. Es que sé derretirte igual que al cosmos, con la sola presencia de mutismos al ver lo derretido. Sé que no podrás reconocerte, reconciliarte ni amedrentarte con famas de una helada imperiosa. Porque no temo, nada, no temeré ni cesaré de quemar mientras gimas y obligues a escaparme junto a vos.
Será el fuego mi talante, mi voz y mi presencia. Seré quien te obligue a presentirte rechazándome ante las quemaduras dentro de tu organismo. Y azotaré, obligaré a que demandes justicia en bellas reticencias cuando intentes contenerme. Y no podrás, la imposibilidad de entumecerme hará siempre que reanudes tus fugas al verme de pie. Nada puede detenerme, nada puede consultarme juicios de errabundas tenencias, y preclaras convincencias. Y jamás temeré ser quien derrita, no, nunca.
Soy quien derrite, quien no osará calmarse ni detenerse. Soy el fuego, la lava, el gas; soy quien podrá derretirte y razonarte, presa en una antesala de tu vanidad.