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31/1/13

Creación


Suele pender desde justicieros alambres el claror de sus ojos. No está encerrado, no está ni atado ni enjaulado. Aunque sea un animal, mirará la luz ante enfrentamientos de su discorde movimiento.
Sus ojos clarean las oscuridades del recinto. Parece alumbrar, cercar y moderar las huellas de cualquier actitud para ayudarlo. Sabe moverse lentamente desde un rincón hacia el otro. Y nada más al tocarlo, sus pieles inhiben las fricciones interpuestas para abrirlo y deshacerlo. Es un animal, lo sé y lo sabe. Camina siempre hacia el mismo sitio; aunque aún deforme y prematuro, conoce sus  restricciones, sus límites y acuartelamientos.
Sus patas desconocen de correrías, de caminos tortuosos y penitenciarios. Y teme variar su crecimiento con el mero hecho de quedarse inmuto. Su torso no implica correteos ni quedancias. Es un animal, pero uno recién hecho. Atiende las modificaciones de cuanto le es dado. Si lo paro de frente, salta hacia mí; y si lo dispongo de costado, camina hasta quedar ante mí su cabeza de ruin primerizo púber.
Es entonces cuando lo aferro, lo mantengo alejado de mí; aunque nada varía su pesantez y entumecimientos. Es un animal recién nacido, un ente con colores y formas, una mirada de ojos libres para rematar términos de adoptivos refranes.