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3/1/13

Aquejor


Sufrían las personas con hálitos de un despertar nunca venidero. Amanecían entre alaridos de bosques sin restriegas, y jardines de caminos inalcanzables.
Decían que venían desde palaciegos rincones hacia brumas de otro estado inaceptable. Recorrían fármacos que dejaban en la inmediatez porque ellos querían sufrir. Los dolores los aceptaban y nunca se iban; es que nadie lo deseaba, nadie quería verse sano ante las inclemencias del dragón de los amaneceres incendiosos. Ninguno anhelaba un escape, una tregua o una reconciliación. Daban más por ser vistos aquejándose e irritando los mares de los anfibios retorciéndose por altas temperaturas donde habitar. Y jamás temieron dejar las sogas desde cuellos alterados ante siglos de silencios abrumantes por callosos.
Pero él lo sabía. El necesitaba de eso para saberse vencedor de los suplicios. Deseaba ganar, ganarte en esa lucha por los quejidos imperturbables dada. Y nada más lo intuía, el aquejamiento, daba luces negras hasta convertirte en suplicio por todas las formas dadas.
El lo sabe. Es que él lo sabía. El prometió vencer y venció ante las murallas de los hombres manifestándose aquejidos. Y sólo las plañideras costumbres podrán restablecerse cuando la totalidad de los placeres vengan sin medio posible a sucumbir cuando aquejor le quiebre lenguas demostrando benemeritudes.