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11/10/12

Mutual


El corre, él avanza hasta congelarse junto la pared antes de trepar la ventana. Contra el frío muro, él salta hasta apretujarse junto a la ventana que toca, que intenta palmar, que sustrae de su profundo contemplativo examen. Rompe el vidrio, atraviesa la pared, y cae junto a dos hombres.
Corriendo salta rompiéndolo todo. Ve su estatus vital aún, ve su cordura, su ambición y ansiedad hasta ver dos personas más. El podio se agiganta, se agranda y empequeñece ante sus vistas. Pero él corre saltando a través de saltos corriéndolo presa de la velocidad. Llega al podio, llega junto a más.
Aferrado a sus saltos, él saltando se balancea hasta prometerse sobre el vacío desde la ventana existente. Nada de quietud, nada de acción, él ve a dos personas saltándolo como si un paso más fuera. Pero él espera, él contempla el podio con su montículo absorbiéndolo, a él y a sus dos compañeros que intentan el mismo resultado.
Si yo fuese injusto, me hubiera desarmado e impedido sus breves moradas en mí; pero los he recibido, y conjuntamente, he ofrecido hospedaje a estos tres hombres hasta sus idas. Han llegado para meditar, o contemplar, las inmediaciones del ámbito donde resido, habituarse, quedarse hasta que triunfen sus discursos. Por haber sido podio lo resolveré carcomiendo las últimas apariciones hasta delatarlos en mutuo acuerdo de fugas.

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