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27/9/12

Margen


Aparece en los márgenes cuanta osadía impronunciable desea quitar. Entre los espacios blanquecinos, su remitancia lo lleva hacia la exploración de mundos afables y plurales. Ante estos, la solubilidad de extraerlos lo consuela y disuade.
Ve, medita; aquel hombre obtiene un sinfín de volubilidades de blanca certidumbre. Ve los blancos, ve los negros, y hasta los colores refulgiéndolo siempre intacto ante su espíritu de cambio. Sabe acerca de discriminaciones, porque él se mimetiza; sabe sobre lecturas, porque él desencadena collares de fatuas perlas para rociar entre la maleza de sus páginas. Cree entenderlo, comprender las singularidades de cada detalle, su marchito y su oasis. Y cree en los defectuosos paisajes cuando ante cada página entiende leer la anterior; y ante cada avance, un retroceso lo obliga a desdeñar las continuidades.
Medita, ve; ya nada le oscurece su tenacidad incorporando señuelos con otros señuelos en un mar de tierra donde los peces reptan. Y ante cada blanco, un interés lo sustrae, y ante cada negro, se disuaden las contrariedades. Es que él conoce las enterezas de los llanos relieves, y las afrentas de los bosques donde dar un triunfo es beneplácita marcha para ceder su semillaje. Y desde entonces merodea, lo hace hasta inclinar sus ojos sobre el texto ajeno.
Sé que te hablo de él, de mí, de ellos. Sabré cuando me calle, silencie la gota termal de las impaciencias, jamás haberte ocultado las medianías donde he meditado. Las vanerías de los textos ocultarán –desde siempre- la venia de contemplaciones por comprender. Y así lo hago, lo hago y haré hasta quitar todo este contemplado detalle junto a ornamentos de univocidades exploradas.