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20/9/12

Anuarios


Desde vos hasta mí, desde esas tan dilatadas objeciones te has marchado. Siempre tus números, tus días y tus enmiendas. Desde que te he olvidado, nada jamás volverá ni devendrá con su exhaustivo vuelo a ofrecerse volición determinante.
Consolaba tu ida, tu marcha tan despótica liberándome cuando cada anuncio locuaz deshacía mis tropeles de ilusiones. Te has ido, y con cada remanso recuerdo procuraba establecerte junto a esas dilatadas fisonomías de claro pasaje. Cada visión, cada hallazgo; y los viriles fragores de tu estado, una sed de irreprochables valores perdidos. Fuiste para mí, para ella. Cada una de tus apariciones se han amontonado donde asperezas volátiles se desentornillaban cuando al verte, no te hallo.
Viéndote perdido, exhausto y ajeno a cada vanidad sin mella hasta verte ido, hacían que provocara vislumbramientos donde optar no debía; donde callar no podía y donde gritar asfixiaban revuelos hasta callarme, ceder y marcharme sin buscar el oro de tu aparición. Procedían elucubraciones al verte, fantasmas de sorpresas y grandilocuencias al olvidarte. Eran premisas, connotaciones de una perdida nube tóxica cuando al marcharte diluviaron músicas con sonidos estridentes de aquel mutismo incandescente.
Mañana, te veré solo, marchito y lejano. Serán mis días una nota dentro del desacompasado pentagrama de luces sin distancia, de sonidos sin corral, y de desapariciones instrumentales. Serás, anuario, un recuerdo de cada silencioso asombro despertado por tu volición de pertenecerme adecuado.