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13/9/12

Agitado cielo


Presente cielo corroe disidencias hasta abismarlas en capullos de nubes. Desata la tenacidad, merma la quietud; todo él resiente bifurcaciones donde poder soltarse es premisa áspera.
Desautorizando armonías que en tropel agujerean las caídas, este cielo es difamador de cuanta sequía ronda hasta abismarla. Sé de su goteo –inexistente-, sé sobre su merma –equívoca-, y nada de éste vendrá a callar las furias huracanadas donde transitan los hombres. Se dilatan las cogniciones, se atreve su sínodo para contrarrestar preámbulos donde poder despertar, donde poder emerger y rechazarlo hasta la presencia de su movimiento deletreando estelas donde poder encumbrarse.
Autorizando benemeritudes se amplían heterogeneidades hasta ocupar, su movimiento, las destellantes coberturas de ir y venir, de quedarse y sobresalir, de estar. Los límites de sus horizontes se delimitan mediante la curvatura del mundo mismo. Y ya nada se detiene, nada se infringe y nada se calla. Hasta saberse diácono de un templo movedizo, nada parece creerse ni enseñorearse. Es que la lluvia no cae y los poderes ambicionan delates inmedidos durante las lluvias del empréstito.
Sería la tempestad, ícono suficiente para aterrar a aquellas personas emergiendo desde sus cubrimientos. Sería el ojal, sería la hoja. Es más, creo en que podría ser las rocas mismas donde emergían plantaciones grises de vapor húmedo.
Y era por ser la hoja que callaba hasta disociarla de cuanta intranquilidad socorría mis dédalos de meditación cuando la alcanzaba, la remolía. Ampliaba mi temperamento a su tempestad oblicua sin vertiente desde nubes idas hasta los celestes cielos de encarnales aguaceros.