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8/1/10

Ingrávido




Átomos se seducían entre varias leyes atrayentes. Se dispersaban desde un rincón hacia otro adentro del galerío donde formaban partes de fisonomías descriptibles. Se congregaban, y disgregaban; seducían sus varias amplitudes de formas con versátiles aspectos.
Los había pequeños, y los había diminutos. Los referenciaban sus diversas particularidades en esa galería donde observaban cada aspecto, y cada exploración; cada ambivalencia, y cada composición cuando atrayéndose se conocían y veían reflejados sobre el matiz de su apariencia.
Los había anchos, y los había delgados; altos y bajos. Los referían diversidades particularizantes; mientras se veían y oían, mientras se conocían: mientras se hallaban adentro de la galería donde inciertamente atraídos se contemplaban.
Reflejados sobre los matices de sus apariencias, cada uno se conocía a sí, y se reconocía sobre el otro. Se comunicaban con vistas, y hasta con señas. Se veían y reveían mientras se oían y reoían siempre más y más hasta atraerse de cierta manera en la galería de versátiles matices apareciendo siempre con leyes de gravedad entre sí.
Las habían de vasta fuerza, y de escaza. Las referenciaban sus diversos pujes particularmente en esa galería donde cada aspecto, y cada exploración, cada pusilanimidad de atracción y cada refuerzo de atrayentes ámbitos, las referían. Referentemente seducían; átomos entre leyes de gravedad formaban fisonomías para poder verse.
Estar y presentarse, reconocerse auténticamente con variables.
Estar adentro de la galería, y presentarse viéndose y oyéndose. Estar presentes, presentemente estando adentro atrayéndose hasta disiparse poco a poco hasta que la seducción terminó.
Se dispersan, se desatraen y se alejan. Se detiene el impulso, y colapsan las gravedades. Y las composiciones se deshacen, y cada átomo se aleja y cada particularidad queda insignificántemente perdida.
Atracciones dejan de seducir, y de atraer átomos. Se dejan invariablemente fuera del galerío con cada aspecto deformándose conclusamente mientras todo pertenece y pertenecerá a nada, por no haber atracciones que seduzcan ni que seducirán en ingravidez.

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