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13/11/09

Cuero caído


Decae su organismo viéndose cuerpo natural. Sin venas detrás de pieles las arterias se distribuyen caóticamente en plurales controversias impremeditables. Derrama el corazón su pulso, y realzan músculos la queriente ambición de perdurar aunque sin cuero esté.
Es estructura de huesos ornamentados con rojos y blancos, mientras verdes y azules intentan una tensión para establecerlo –asimismo- vital, perdurable y permitido: naturalmente posible sobre mundos donde sin cuero no podría pararse. Ni detenerse ni inmutarse: sin experimentarse humano. Y es una criatura sin piel sobre sí, sin cobertura ni composición apenas densa. Sin ningún presente arraigo que mantenga firme su esbeltez orgánica.
Anda sin verse por osada ansia de querer ver su propio interior auténticamente, como si las pieles nada significaran. Ni siquiera una implicancia para concluirlo, para terminarlo corpóreo y protegido. Porque su deseo había deshecho la propia integridad hasta que ese desafío por verse más natural lo había seducido; y hasta devuelto sobre realidades que nadie ha visto ni creído posibles, mientras él las destinaba siendo irreversible desenfreno hacia la contemplación de su vitalismo.
Ningún señuelo calmo había socorrido su vorágine, ninguna tentativa de ver hacia otras interioridades; otras direcciones, planeamientos donde la planimetría no fuera su organismo. Ningún destino había intercedido, ninguna mácula divina ni endemoniada había dictaminado aquella lineación por él ejercida. Y sin vaticinios lo hizo.
Lo ha hecho, aunque solo. Alejado de compañías, de quienes jamás comprenderán aquel polémico acto. Ellos andarán con las mismas organizaciones por dentro, como él mismo, aunque con pieles por fuera. Finalización de hombres, término de toda construcción natural mientras él persistirá ufanando ver más, mayores interioridades orgánicas. Y ellos, mayores elucubraciones de lo que la natura ha podido hacer con pieles de la misma piel humana.
Serán hombres, con cueros se los ha pergeñado para andar. Serán y han sido especie humana: civilización en construcción, y desarrollo evolutivo manteniéndolos aislados de presunciones impulsivamente atroces; por proseguir inspeccionando cuando la naturalidad elaboradora los ha ya diseñado. Ya destinados, ya previstos. Ya liberados para no desentenderse cuando ésta es quien esbeltiza los cuerpos impidiendo caer en actos inhumanos.
Son y serán hombres. Aquellos, esos humanos cuando la piel detalla el fin constructivo, la egregeidad obrando audazmente; y con el sabio conocimiento de mileños desarrollándose.
Serán, son y han sido sólo hombres quienes lo vean decaer mientras eleven sus cuerpos con pieles de tez civilizante.

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