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26/10/09

Ojo de tormentas



Sabrán de quien como montaña sin ver abrirá tempestades. Furias inclementes de caídas inusuales, lluvias de miradas con gotas ovales. Lo supondrán calamitoso y sin vista, e inactivo por pasividad móvil. Las sospechas mermarán sentencias acerca de quién será consumándolo ajeno.
Abrirá, cerrará; sus visiones despertarán huérfanos desde tumbas con padres, y una molicie despótica resultará inadecuada mientras sobre él se incline. Sin cerramientos parpádicos; con plegarias frenéticas con euforismos coléricos, sin cerrar ojos abrirá uno por vez. De a uno –únicamente-; solamente sólo abriéndolo mientras cierre el otro, cesarán sus conocimientos lo hasta allá conocido.
Se deshacerán dudas cuando adelante suyo lo comprendan irreversible, sin vuelta sobre sí ni retroceso posible. Se revelará una condición tremenda por haber pronunciado mediante sílabas, oraciones compuestas entre cejas y sin luto, por inmerecerlo.
Las vistas recaerán cuando abra, cuando eleve, al ver ese entorno siempre imperceptible por padecer ceguera; aunque rengue su imprudencia ocultándole imágenes de un futuro enarbolado sobre presagios. La visión, la plenitud, hará desmanes jamás comprendidos aunque dentro de una fatalidad mítica sean probables. La vista, su vista hará. Hará lo suspenso hasta ese entonces, mientras se descompongan realidades comunes allá desde este acá entendido por mí, por nosotros.
Abrirá un denuedo sin réplicas ni contrandanzas, sin resquicio, sin temor. Abriendo solamente un párpado a la vez sabrá que al abrir ambos caerá el resultado.
Ambos abiertos: un océano de ojos cayendo desde arriba hasta abajo para verlo sin pupilas: un hombre que no podrá ver la rebelión de miradas. Se aquietará cuando intente dilucidar –en vano- las ininterrupciones tempestuosas: tormentas de ojos tronando sin párpados para verlo.
La apertura del cielo dejará parámetros acerca de la inmensidad cuantiosa cayendo desde multitudes para multiplicar ojos sobre su entorno que será un paisaje nunca sabido. Caerá una apertura, un múltiplo infinito de caídas desde un abanico balanceándolo mientras nada sepa ni quepa ante sus percepciones sino ruidos, como si gotas fuesen las ovalidades caídas.
La destitución de nubes despertará ilusiones por un mundo con días con noches siempre presentes, aunque nadie vea allá; mientras solo quede siendo último visionario sin ojos aunque hacedor de esta respuesta, ante órganos que nunca tuvo ni tendrá; aunque estarán a su alrededor disponibles.
Por más que desee recomponerse, no podrá. Por mayores bienes que desee; por más anhelos que ambicione, nunca podrá saber (es ciego) de ojos a su alcance.
Ambos abiertos abrirán mayores cielos decorándolo con cercanías pese a la azarosidad de tormentosos revuelos tronándolo por doquier; mientras en nada pueda sujetarse, en nada asirse ni aprehenzarse: desconocedor de su producto esplendoroso, darse ojos para verse o ver.
Ambas ambiciones, su querer ver aunque ciego y el brinde de ojos, serán irrencontrables cuando una carencia es sólo falta. Cuando una merma es fatalismo, y nunca reemplazable: irremediable.
Jamás un rencuentro será posible, una ubicación que le dé ojos. Nunca podrá tenerlos porque no los verá ni estos se le acercarán. No los sabrá existiendo aunque los oirá cayendo aunque desconociéndolos. Sabrá sobre tormentas, solamente; tempestades mientras sólo oiga, y crea en una mera casualidad: cuando por abrir párpados tronarán caídas sin agua, y por esto sospechable.
Nunca creerá que habrán ojos para emplearlos para mirar cielos sin nubes tormentando curas para sanarlo. La conexión será hecha, pero no entendida. La resolución existirá; y la donación, asimismo se habrá completado. Pero distante: real aunque alejada como lluvias de ojos cuando siempre son de agua.
No habrá hallazgo. Solamente piezas inconectas en un mundo azaroso por ineficaz; pero mancomunado al oírse y lamentarse dándole lo que pudo; su falta para quien sin ojos sabrá abrir cielos abriendo tormentas abiertas hasta rociarlo.
Abrirá un mundo comprometido cuando nadie lo acompañe por no poder auxiliarlo ni socorrerlo. Los demás podrán ver ojos cayendo, y un hombre con párpados sin ojos. Pero no sabrán su hecho: nexo causal.
Abrirá un abismo que será estropicio por irresoluto, por ineficaz e inservible. Abrirá un cielo fluido con lavas de pupilas quien continuará siendo quieta montaña sin aguas.


2 comentarios:

Diego Jurado Lara dijo...

Inmenso, Federico. Como siempre es un gustazo leerte. Pasear po aquí es sentir la esencia de la palabra.
Seguimos en contacto.
Un abrazo.
Diego

Federico Laurenzana dijo...

Inmensa alegría verte por acá, Diego.
Devuelvo ese abrazo:)