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19/5/09

Hélices de vapor

En colinas y llanezas las brumas veloces dominan. En cada frontera y límite, en todo final de los vistos paisajes huyen las contemplaciones moderadas cuando hay vientos adueñándose. Y desde que se necesita ver tan deprisa los panoramas deshojándose de tallos hasta caer, confirmo la persuasión de filosos vapores.
Cuanto horizonte se expone firme e inalcanzable es derrumbado por una hélice que corta su retrato perecedero. Y hay otras más allá, y más acá: en cada resquicio. No puedo sino verlas desmantelando telones de escenarios donde estamos sin extrañamientos ni nauseabundas pesquisas para comprenderlas. Las hélices de vapores acelerados impiden la presencia de figuras, y hasta temo por mi integridad cuando se acerquen sigilosamente.
Pese a los estragos puntuales –por doquier-, y dado sus poderíos y extremos alcances, jamás he visto atacar a un ser humano. Nunca contra los hombres se han hincado los filos de aire cuyos ímpetus pudiesen quitar hasta la misma oxigenación aireándola con mayor puje.
Los estremecimientos de viento cejan recuerdos, percepciones imprescindibles hasta que necesitamos sus vueltas para hacer sobre el mundo las anteriores (u otras) prácticas vitales. Es así que sin panoramas, ni suelos ni techos, nada podemos entender; ni siquiera ordenar nuestros trajines cotidianos. Y por esto mismo los vaporeantes enfrentamientos contra nosotros son dados, aunque de manera indirecta.
Tanta beligerancia aireada trilla y mitiga hasta el mismo futuro que pudo habérsenos brindado. Nada resta mientras continúen sus ventolinosas dagas derrumbando los imperios del mundo conocido. Nada queda, nada resiste su indoblegable fuerza.
Al menos he existido donde ha habido sol y luna balanceándose sobre las tierras de montañas y llanos. Siempre podré, al menos por ahora puedo, volver sus imágenes hacia mí.
Durante el final de la batalla donde todas las hélices han descompuesto los sitios, he tratado de registrar cada delgada línea dividiendo fronteras. Siempre he mirado hacia allá, hacia un páramo alejado, distante. Siempre he añorado estar fuera de mí para dar una tregua que explicara los síntomas del universo falleciendo.

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