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22/1/09

Llovizna de gotas

Gotas caen sobre otras entre un nublado espejismo espectral. Suaves, diátonas ensimisman la planimetría que cede sin cadencias, sin fulgores de timbre solar ritmando. Gotas que han compuesto lagos son lágrimas cuando no se llora, sino cuando se calla.
Si entre cada una viera la amplitud que las diferencia, no volvería a ver los charcos. Vería entre cada gota un espejismo fantasmagórico y pronto a deshacerse. Reuniría, sobre los vientos del rugir, una por una para poder componer lagos que volasen hasta diezmar los vacíos que separan Tierra y Cielo. Tentado, buscaría entre ellas a la menor, a la más pequeña para decirle que no se acobarde, que ya la composición está definiendo su nota sobre los planos de un hogar agua.
Que yuyos la acompañarán; que insectos revelarán su impaciente estridencia, serán compañías contra tanta soledad ya ante su cercano exilio. Quizá ella note comprensión, una soledad compartida al menos con mi decir. Pero jamás tolerará –por el bien de su raciocinio- que haya sido expulsada de la nube; atrio donde nunca incomprensión alguna se hubiera desatado si no fuese por aquel relámpago anunciante.
Está cayendo. La veo plenamente resignada a habitar sobre la vereda que se extiende siendo el arribo, la ruta de aterrizaje que no había premeditado. Y cae. Un baldío es sede de cuantas lágrimas se han desprendido de la garganta celeste, de ese llanto incontenible y necesario para permitirme verla. Sí. Porque si no hubiera habido llanto, nada podría haber sido visto; y ni siquiera podría haberse sospechado que también sienten las alturas, ternura, descomponerse para relacionarse. Es que su ascetismo no es tan extremo como para impedir que se transfigure su imperancia en lloviznas de voces pentagramadas.
Pero aún así debo confesarte, gota, mi arrepentimiento. Es que no verás más que figuras reflejándose a tu alrededor. No verás a nadie que sepa cuál es tu ansia, tu clamor solitario. Verás, gota, que sólo vos seguirás lagrimeando. Tales aguaceros se te figurarán como desiertos de fantasmas que rozan la superficie del charco. Y en donde junto a otras esa distancia por mí vista, mientras caías, persistirá.
Llovizna, nunca dejarás de ser gota. Nunca las partes que te componen podrán quedar olvidadas aunque no sean vistas, porque sino nada serás.
Llovizna, temo decirte que tu tragedia es falsa, que descompone toda auténtica angustia.
Llovizna, no te digas furiosa cuando las gotas son genuino desprendimiento hacia la soledad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Federico:
Me gustan tus relatos. Tambièn formo parte del libro solidario Los Gestos del Suicida.
Tengo un programa Radial, donde me agradarìa leer algunos de tus relatos. Si estàs de acuerdo, envìame Llovizna de Gotas, Curvado Linealismo y Tierras. Tambien una pequeña carta de presentaciòn personal y el enlace a tu blog.
Puedes enviarlo a sobreletras@hotmail.com
Transmito jueves y sabados en:
www.voznochedealma.com
Un abrazo
Marta Lilian Molano L

Federico Laurenzana dijo...

Seguro, te lo enviaré:)