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11/12/08

Pintando recuerdos

Blasfemaba cuando pensaba en sus colores yéndose desde la silueta de su mundo. Deseaba que ella aún estuviera acá, que habláramos, que buscáramos para hallar todo lo perdido. Tanto roce, tanto cariño quedaba en mí cuando pensaba en su vacío.
Ya olvidada, otro tinte hacía destellar las flechas de cuanto arquero se dispusiera a enfatizar una singularidad, un blanco espacio para ser pintado. Un vacío había quedado, un espacio libre pero imposible para ser vuelto a rellenar. Es que ella ya no estaba, ya se había ido, fugado por causa de la tragedia que yo había iniciado aunque sin saberlo.
Ya no me observaba con aquellos ojos. Es que tras mis pinceladas los había capturado para dejarlos sobre el lienzo. Ella ya no oía, no hablaba. Nada de su rostro ni cuerpo había perdurado desde que había comenzado a retratarla.
Cada pincelada hecha infería en la realidad, apresaba el objeto en cuestión hacinándolo dentro de las dimensiones de un blanco lienzo. Cada elemento –con o sin vida- desaparecía en el mismo instante en que lo esbozaba con el pincel. Y yo sin saberlo la había exiliado del mundo, exiliando asimismo nuestro amalgamado y pretendido mundo por vivir.
Ya olvidándola, quedando hecha retrato, me dispongo a pintar y pintar para deshacer el resto nimio del espacio, del entorno escaso. Porque sin ella nada me sugiere siquiera un simple y ameno marco donde poder dibujar la existencia restante, nada para poder sobrevivirla. Y deshago poco a poco y parte por parte todo hasta hallarme en una nada de instrumentos y equipos de pintura.
Pero la nada desecha también a su recuerdo. Lo había deshecho desde que comencé a esbozar aquel retrato añejo y provocador de tanta desgracia: desde que volví a copiarlo. Y mientras dibujo, el olvido me devuelve un respiro asistiendo a tanta liviandad.
Ya sin nada para recordar, sólo la presencia de este papel relleno con imágenes me incita a pensar que hubo un mundo, y que ha sido retratado en su plenitud. La variedad de colores es apenas finita, la eternidad de emociones perspectivadas sugieren otro espacio múltiple, de inagotables movimientos.
Pudiendo apresar hasta el universo mediante un trazo, presiento que jamás recluto y libero, que nunca de algo he de adueñarme. Siento que ya lo fuera de este espacio a otro ha de ir, pero sin volver.

4 comentarios:

Diego Jurado Lara dijo...

Hola Federico.
Haces que se vea el cuadro, y su interior, lo que es más difícil. Haces ver los regueros. Tal vez por conocidos, sentidos o vividos. O por el profundo expresado.
Me gusta el giro dado. Todo un placer seguir leyéndote.
Un abrazo.
Diego

Federico Laurenzana dijo...

Un abrazo, Diego. Nos seguimos leyendo.

Federico Laurenzana dijo...

Un abrazo, Diego. Nos seguimos leyendo.

Un fulano escribió dijo...

Hola t invito a darte una vuelta por mi blog, saludos.