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17/12/07

Desde la melodía escribirás

Emperador sonoro

Ruidosas vibraciones estentóreas me desembocaron en el maduro silencio del letargo que permanecerá siendo mi compañero hasta mi entierro; pues ya, ya ninguna irritación me conduce hacia la palabra.

Si fui escritor al desmandar a una elocuencia, hombre fui al renunciar a mi reclusión cuando hube destrozado el ventanal vidrioso para ser parte de la humanidad. Mi escrito tendrá su vigencia o no, estigmatizará a lectores o volverá indiferente hasta la trascendencia que me lo deparó; más yo, al quien el mas sincero esqueleto lo impacienta para convivir junto a los otros, jamás creeré que mi desigualdad semejase fortunios. Apremiado por ese hielo de ser ajeno voltee el lápiz y abrí el libro de las aperturas socegables. Pero sus páginas inauditas me revelaron que no ha de haber hombre que sin emitir un mensaje díscolo se reencontrase consigo mismo y se juzgara pecador por individualista. Otros textos desfiguraron mi terca renuencia demostrando que todos participan mediante estremecimientos para desistir frente al globo de las blasfemias. Aquel libro rectificaba a la herejía por mi desconsiderada y a la que nadie desdeñaba. Cerré el volumen suponiendo al resto en favor con mi pasado de sonidos.

Desde cada instante en que aprecio el dorso de un libro, desde aquél de las aperturas socegables, más me convenzo de que cuando había escrito, había existido; y que la explosión de vidrios no fue más que el reposo debido al trajín que me había cuestionado capaz de reconocerme.

Durante cada instante en que observo a un ventanal, mi pretérito entusiasmo que había malinterpretado se mancomuna con los que aún no han sospechado de sus propios murmullos. Y los aliento: para ser emperador primero debo servir.

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