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1/11/07

Una poesía

Espectro de vigilias

A las cinco de la mañana la angustia derrama, rebalza del cáliz de la serenidad toda mesura.

Quietud tensa: aquellos vocablos que durante días habían resonado se revolcaban implacables en la hora donde no tuve que haber estado jamás.

A las cinco de la mañana la angustia reina, dicta sobre el rocío desesperado dictados para que oiga, para que no desdeñe, para que cada una de sus letras obsesivas se esculpan sobre mis párpados herrumbrados.

A las cinco de la mañana -¡tan tarde supe!- noté que ya no era un desvelado, un insomne, un enfermo; supe ya no había tardanzas para mí.

Cuando alguien se atreva a verme, verá al sueño, espectro de vigilias.

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