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4/11/07

Final del vagabundo astral

Por errante quedé sedentario
Había dejado todo por mi única fascinación. Ya no me acuerdo de todas las cosas que olvidé ni me interesa saberlas; recomponer lo que los que viven en casas llaman sacrificio, nobleza y tradición. Amo a las estrellas aunque una a veces se vaya. Esas fugaces no me ponen triste: creo que caen en la tierra y podría agarrarlas.
Esperaba caminando –camino desde chico- encontrarme con alguna. Busqué y encontré en unos charcos de barro a muchas. Como tenía botellas metí el lodo adentro. Fue un negocio, un contrato del que fui menospreciado porque faltaban un montón. Igual quedé satisfecho.
Cuento con cinco. Pero mientras las miro, caigo por no sé qué dolor de piernas. El sufrimiento, el desgaste de tanto caminar me debilita y sé que pronto voy a morir. ¡Bah!, no me quejo de nada y menos de esas cosas. Tirado en el piso, ahora las veo en el cielo. Y no a unas cuantas; a todas bailando. Respiro, respiro y se atracan mis pulmones. ¡Ah, las estrellas!

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