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4/11/07

Confesión de un vampiro

Líquido placentero
Veo a mi punzante colmillo frente al vidrio espejado. Veo el lago de sangre detrás de mí. Gotéa desde innúmeros poros ese líquido que tanto me place. Me voltéo hacia el estanque y oigo cesar, ausentarse, a las vertientes que me habían suministrado ese jugo rojo. Sé la causa.
Si yo pertenezco al submundo –resido bajo el mundo, bajo los subterráneos-; si yo desconozco el alba desde que me hubieron encerrado debajo de la tierra; y el gorgotéo de mi bebida se detiene al mostrarle mi rostro, deduzco que los habitantes de la superficie temen a mi presencia. Pues ese charco agasajante me observa. Entonces, las gotas caen cuando entre millares pelean y destripan, cuando los conflictos de su especie los confronta volviéndolos criminales. Todo siempre y cuando yo no esté. Es, sin más, por lo que al asustarlos y morder a alguna, por lo que se juntan para enfrentarme olvidándose de sus infames asuntos.
Por lo mismo soy un digno vampiro servidor de la humanidad. Y continuaré ayudándolos sin dejar de aprovechar aquel líquido que tanto me place. Hasta abrasaré a las hemorragias. Y sólo para su bien.

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